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EL MIEDO EN LOS NIÑOS, 7 SUGERENCIAS ÚTILES PARA SU MANEJO.

Por: Mtra. Ligia Olmedo Santillana

En la primera infancia, el niño carece de la capacidad de regular por sí mismo sus estados emocionales. La regulación afectiva solo puede tener lugar en el contexto de una relación con otro ser humano. El contacto físico y emocional —acunar, hablar, abrazar, tranquilizar— permite al niño establecer la calma en situaciones de necesidad e ir aprendiendo a regular por sí mismo sus emociones. (UNICEF, 2012)

De esta manera, conforme el menor crece, aprende a regularse y lidiar con los cambios, el miedo, la ansiedad o la incertidumbre que pueden producir situaciones nuevas o que no eran esperadas.

Las respuestas emocionales del adulto en sintonía con el estado interior del bebé generan, primero, un estado de corregulación afectiva que lleva unos meses más tarde, al logro de la autorregulación afectiva por parte del bebé. Esto significa, por ejemplo, que si un niño llora sin ser consolado, se encuentra solo en el aprendizaje del paso del malestar a la calma y al bienestar. Ese bebé puede llegar a tener dificultades para auto calmarse no únicamente en sus primeros meses sino a lo largo de todo su desarrollo. (Schejtman y Vardy, 2008; Tronick, E, 2008)

Existen algunos miedos que son propios de la infancia. Cuando estos miedos persisten más allá de la edad o etapa en la que se considera normal, y el grado de malestar que provocan es muy elevado (de forma que interfiere en la vida normal del niño y de los padres) estaremos hablando de la existencia de un problema que requerirá un abordaje más específico.

En la siguiente tabla (tomada de la GUÍA DE INTERVENCIÓN CLÍNICA INFANTIL elaborada por profesionales de la Universidad de Madrid) se aclaran los miedos que pueden presentar los niños por edad.

Visualizar los retos que los niños enfrentan promoverá un mejor manejo de los mismos.

Edades Miedos normales en la infancia
Hasta los 6 meses
  • Miedo a perder la base de sustentación o equilibrio
  • Miedo a los ruidos fuertes, intensos o desconocidos
6 meses a 2 años
  • Miedo a desconocidos
  • Miedo a objetos o lugares desconocidos
2 a 4 años
  • Miedo a los animales
  • Miedo a la oscuridad
  • Miedo a los ruidos fuertes (fenómenos meteorológicos)
4 a 6 años
  • Miedo a los animales
  • Miedo a la oscuridad
  • Miedo a los ruidos fuertes
  • Miedo a seres imaginarios (brujas, monstruos, fantasmas…)
6 a 9 años
  • Miedo al daño físico
  • Miedo al ridículo y desaprobación social
9 a 12 años
  • Miedo a la muerte
  • Miedo a accidentes y enfermedades
  • Miedos relacionados con el rendimiento escolar

El desarrollo cognitivo, social – emocional y lingüístico contribuyen en cierta  medida a que algunos miedos aparezcan pues a mayor conciencia, análisis o abstracción aparecen nuevos elementos o temas en la vida del menor.

Independientemente de si el pequeño tiene miedo por una etapa que está transitando o por una situación vivida, hay pautas que pueden aliviar o aminorar la ansiedad o incertidumbre que esto genera.

Recordemos que los cambios pueden generar miedo; al no tener claro que pasará pueden tener diversas reacciones.

¿Qué cambios pueden producir temor o angustia en la vida de nuestros niños?

La muerte de un ser querido, la llegada de un nuevo hermano(a), el divorcio de sus padres, un cambio de casa, un cambio de colegio, alguna hospitalización, el ser sometido a estudios o intervenido quirúrgicamente, experimentar un desastre natural, vivir una experiencia de violencia, por mencionar los más importantes.

Existen algunas acciones a realizar que pueden contribuir en la contención y manejo del miedo en los niños, a continuación,  menciono 7 sugerencias que serán de utilidad:

  1. Evitar culparse, culpar al niño o regañar; en lugar de esto es necesario comprender que las emociones experimentadas son esperadas pues los cambios generan un movimiento en la dinámica familiar.
  2. Es necesario apoyar al niño en la expresión de las emociones que surgen, verbalizando lo que puede sentir o percibir.
  3. Servirá mandar al niño el mensaje de “se vale” sentirse así, en lugar de prohibir sentirse de alguna manera.
  4. Proporcionar medios para expresar el miedo también funciona; en el caso de niños pequeños se pueden usar cuentos, dibujar, escenificar o jugar (buscando una solución dentro de la dinámica) y en el caso de niños que ya leen y escriben se pueden hacer cartas, una lista de miedos o quejas, una lista de soluciones o estrategias, etc. lo más importante es que el niño “acomode” la información, reconstruya con el mayor sentido la situación.
  5. Dar relevancia a lo positivo; enfatizar situaciones que dan esperanza o seguridad. Es común encontrar algún rol que protege, cuida o soluciona situaciones.
  6. Si el miedo es a un evento específico, es benéfico realizar un plan juntos para enfrentar la situación con herramientas clave.
  7. Si la conducta de baja regulación, miedo o ansiedad persiste es necesario acudir con un terapeuta especializado en el área emocional o conductual que de tratamiento y guie.

Es básico que los niños sepan que pueden confiar en sus padres, maestros o familiares cercanos para preguntar, decir lo que sienten o encontrar consuelo. El regaño o la negación ante lo que el niño siente impedirá un buen manejo de la emoción y finalmente su expresión o resolución.

La empatía es básica en las primeras etapas de vida porque hace que el niño se sienta entendido y además provoca que en un futuro se convierta en un ser humano empático.

 

 

Bibliografía consultada

Schejtman, C. (comp.) (2008). Primera infancia, psicoanálisis e investigación. Buenos Aires.  Ed. Akadia.

UAM (2015). Guía de intervención clínica infantil. España. Ed. Universidad Autónoma de Madrid

Unicef (2012). Desarrollo emocional, clave para la primera infancia. Argentina. UNICEF